En las últimas semanas hemos
asistido a una serie de hechos que han provocado un vuelco en la estructura del
PP. Este gobierno, que comenzó gracias a la ilusión de más de 11 millones de
votantes, se ha ido desinflando como un globo de cumpleaños. Será por sus
políticas “antiantiterroristas” (sí, no es un error de escritura), por su
servilismo merkeliano, por sus nefastas leyes de creación de empleo o por su cambio
progresivo de ideología, pero cada día hay una menor confianza de los
ciudadanos en su competencia para librarnos de este lastre de la crisis.
Pero a pesar de todo esto, el
partido podría haber pasado unas elecciones sin perder demasiado electorado si
no fuera por una cosa: la pérdida de la esencia del partido.
Si algo se escucha en los votantes (o ex-votantes) del PP hoy en día, es el descontento con los valores del partido. Aquellos valores en los que se fijaba la derecha española, los valores que unían a todo su electorado, ya fuese más de centro o más de derecha. Ese es el auténtico lastre del PP, lo que ha hecho que tanta gente (y cada día más) se plantee cambiar su voto, rompiendo incluso las barreras ideológicas que caracterizan al núcleo duro de los grandes partidos.
Desde la retirada de la
expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, pasando por la dimisión
de Santiago Abascal y terminando con la negativa de presentación a las europeas
de una fuerza viva del partido como es Mayor Oreja, podemos decir que el PP ha
conseguido cansar no solo al votante, sino también al más acérrimo afiliado
(aunque siga defendiendo a ultranza sus ideas doctrinales).
Después de esto, vino la dimisión
de Santiago Abascal y la renuncia de Mayor Oreja a la presentación en las
listas europeas. Este último, es el ejemplo perfecto de la pérdida de la esencia
del partido, ya que ha sido despreciado y retirado poco a poco de la cabeza del
partido.
Y para dar el golpe maestro, por fin ha llegado el momento en el que aparece lo que España llevaba reclamando años (o eso espero): un partido de derechas que realmente sabe a lo que juega, no que un día es conservador, al otro liberal y al siguiente pacta con nacionalistas.
Si ya UPyD y Movimiento Ciudadano
iban a provocarles un gran daño, no consigo imaginar el daño que les va a hacer
esta nueva formación. Como estaréis imaginando, me refiero a VOX.
Es posible que haya depositado
demasiadas esperanzas en este partido. Lo sé, los inicios de cualquier
formación política son siempre esperanzadores, pero tengo un buen
presentimiento.