martes, 4 de febrero de 2014

El nuevo PP


 En las últimas semanas hemos asistido a una serie de hechos que han provocado un vuelco en la estructura del PP. Este gobierno, que comenzó gracias a la ilusión de más de 11 millones de votantes, se ha ido desinflando como un globo de cumpleaños. Será por sus políticas “antiantiterroristas” (sí, no es un error de escritura), por su servilismo merkeliano, por sus nefastas leyes de creación de empleo o por su cambio progresivo de ideología, pero cada día hay una menor confianza de los ciudadanos en su competencia para librarnos de este lastre de la crisis.
 
 
 Pero a pesar de todo esto, el partido podría haber pasado unas elecciones sin perder demasiado electorado si no fuera por una cosa: la pérdida de la esencia del partido.

 Si algo se escucha en los votantes (o ex-votantes) del PP hoy en día, es el descontento con los valores del partido. Aquellos valores en los que se fijaba la derecha española, los valores que unían a todo su electorado, ya fuese más de centro o más de derecha. Ese es el auténtico lastre del PP, lo que ha hecho que tanta gente (y cada día más) se plantee cambiar su voto, rompiendo incluso las barreras ideológicas que caracterizan al núcleo duro de los grandes partidos.

 Pero si a todo esto le sumamos la pérdida de algunos de sus, no sé si mejores políticos, pero desde luego sí de los más honrados afiliados, tenemos como resultado la pérdida de la poca credibilidad que pudiera quedar en ellos
Desde la retirada de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, pasando por la dimisión de Santiago Abascal y terminando con la negativa de presentación a las europeas de una fuerza viva del partido como es Mayor Oreja, podemos decir que el PP ha conseguido cansar no solo al votante, sino también al más acérrimo afiliado (aunque siga defendiendo a ultranza sus ideas doctrinales).

 La retirada de Esperanza Aguirre, dio una sensación de vacío de poder y de falta de legitimidad en la Comunidad de Madrid, al igual que la dio la de Gallardón en el Ayuntamiento. El nombramiento de sus sucesores fue totalmente falto, no de legitimidad, pero sí de moralidad política.
Después de esto, vino la dimisión de Santiago Abascal y la renuncia de Mayor Oreja a la presentación en las listas europeas. Este último, es el ejemplo perfecto de la pérdida de la esencia del partido, ya que ha sido despreciado y retirado poco a poco de la cabeza del partido.

 Y para dar el golpe maestro, por fin ha llegado el momento en el que aparece lo que España llevaba reclamando años (o eso espero): un partido de derechas que realmente sabe a lo que juega, no que un día es conservador, al otro liberal y al siguiente pacta con nacionalistas.
Si ya UPyD y Movimiento Ciudadano iban a provocarles un gran daño, no consigo imaginar el daño que les va a hacer esta nueva formación. Como estaréis imaginando, me refiero a VOX.
Es posible que haya depositado demasiadas esperanzas en este partido. Lo sé, los inicios de cualquier formación política son siempre esperanzadores, pero tengo un buen presentimiento.

 Aún no tengo mi voto claro, pero lo que tengo claro al 100% es que no pienso votar al Partido Popular mientras no sepan el rumbo que llevan y, que gracias a no ser afiliado, conservo intacta mi libertad de opinión para escribir este artículo.